viernes, 30 de junio de 2017

Dakar Bike Mejia 2017





Competencia Internacional MTB tipo XCM que atraviesan el corazon de las lomas de Mejia y Mollendo con los mas exigentes y hermosos senderos, atravesando la reserva nacional de las lagunas de Mejia, coincidiendo con el "Festival de la Pärihuana", fiesta que se celebra en esta ciudad por el avistamiento de esta ave nacional.


Gran Vuelta a los Pueblitos 2017: "El Reto es llegar"





El año pasado participaron mas de 350 ciclistas este año se espera superar esa cifra. Se contará con camionetas de apoyo,  ambulancia que acompañe todo el camino y se dará medallas finisher así como regalos de los auspiciadores. Más información aquí.

lunes, 26 de junio de 2017

Cine en la Municipalidad "La vida acuática": 26 de junio





Tras preparar un plan para vengar la muerte de su colega a manos de un mítico tiburón blanco, el oceanógrafo Steve Zissou (Bill Murray) recluta a una tripulación que incluye a su esposa (Anjelica Huston), a una periodista (Cate Blanchett) y a un joven que podría ser su hijo (Owen Wilson). (FILMAFFINITY)

Organiza Cinecinco 
Lunes 26 de junio a las 17:30 
Teatro Arequepay 
Portal de la Municipalidad 106 
Arequipa

domingo, 25 de junio de 2017

Olafo el Amargado (25-Junio-2017)



http://hagarthehorrible.com/comics/june-25-2017/



Hägar the Horrible —rebautizado en español como Olaf el vikingo u Olafo el Amargado— es una tira cómica creada por Dik Browne. Debutó en 136 periódicos de Estados Unidos el 4 de febrero de 1973. Dos años más tarde, el número de periódicos en los que aparecía había aumentado a 600. Su circulación siguió en aumento y en 2010 la tira apareció en 1900 periódicos de 58 países y en 13 idiomas.

Dilbert (25-Junio-2017)



http://dilbert.com/strip/2017-06-25



Dilbert es el nombre de una tira satírica creada por Scott Adams que ha aparecido en los periódicos desde 1989, dando lugar a varios libros, una serie animada de TV y numerosos productos relacionados que van desde muñecos rellenos hasta helados. La trama de este cómic se desarrolla en el contexto de lo cotidiano para millones de empleados y oficinistas: políticas de oficina, jefes incompetentes, compañeros de trabajo molestos, asuntos sin sentido, juntas eternas, etc. El mismo tipo de cosas que la gente odia en su trabajo diario son las que provocan las carcajadas en Dilbert.

sábado, 24 de junio de 2017

Cita CCCXXX: "Sin más norma que la verdad”


"Julio C. Tello sigue vivo en la memoria de los peruanos, como quiera que es nada menos que una de las figuras más preclaras de la peruanidad de todos los tiempos, y sin duda el incuestionable Padre de la Arqueología Peruana.

Nació un 11 de abril de 1880 en Huarochirí, lugar donde la espiritualidad prehispánica florecía vigorosa incluso cien años después de haberse producido la irrupción española en territorio de los incas, cuando se seguían comentando los hechos de figuras míticas como Cuniraya y Pariacaca, divinidades que no son sino expresiones literarias del Dios del Agua andino, de máxima jerarquía junto a la Pachamama o Diosa Tierra, y que los antiguos peruanos presumían que, al unirse en una especie de connubio, ofrendaban el sustento a la humanidad y demás seres vivos. Los poderes que se atribuían a Curinaya como oferente del agua vivificante de las sementeras son ponderados en los "mitos de Huarochirí", recopilados alrededor del año 1600 por Francisco de Ávila, extirpador de idolatrías. Ávila comenta que Cuniraya se jactaba de haber enseñado a abrir canales de irrigación a los pobladores y que por lo mismo "despreciaba a las demás huacas" o seres divinos secundarios. Sobre Pariacaca, la otra divinidad de alto rango emparentada con Cuniraya o acaso el mismo personaje con otro nombre, Ávila refiere que fue cautivado por la belleza de una doncella y por tanto atendió sus pedidos y consintió en abrir el curso de un arroyo y también construyó una zanja por la que hizo correr un caudal que vivificó para siempre los campos de la comarca. El sabroso relato concluye afirmando que la doncella quedó complacida al ver cumplida tamaña obra que beneficiaría a su comunidad, y aceptó los requerimientos amorosos de Pariacaca. Para unirse, ambos se dirigieron a la cumbre de una alta montaña donde optaron por quedarse convertidos en una peña.

Nos detenemos en evocar estos pasajes mitológicos para entrelazarlos con lo que el destino deparó al sabio Tello: haber visto la luz y vivido su niñez y aún parte de su juventud en aquel Huarochirí milenario de los alucinantes relatos de contenido mágico-religioso. Acaso un recóndito designio dispuso que fuera precisamente un huarochirano quien asumiera la misión de rescatar del olvido páginas señeras de nuestro asombroso pasado ancestral, y que Tello como ninguno investigó, difundió y enseñó a valorizarlo entre propios y extraños.

Luego de terminar la secundaria, Tello estudió medicina en la Universidad de San Marcos, donde se graduó con la tesis “La antigüedad de la sífilis en el Perú” (1908). El título dado a esta obra es un primer atisbo de su temprana vocación de estudiar nuestro pasado milenario con tesón y profundidad. Un año después, luego de recibirse como cirujano, varios de sus maestros universitarios -conscientes de su excepcional capacidad intelectual e inquietud por el estudio- gestionaron y lograron que el Gobierno lo becara. Así cursó asignaturas de especialización en la Universidad de Harvard, centro de estudios donde recibió enseñanzas de maestros de fama mundial como Franz Boas y Alex Hrdlicka, dedicados a temas relativos a la americanística.

Pasó luego a Londres disfrutando de otra beca, y después a Berlín, donde estudió en el Seminario de Antropología de la universidad de aquella ciudad. En sus escritos sobre su estancia en Alemania, Tello rememora con particular complacencia las sabias enseñanzas del gran antropólogo alemán Rudolf Virchow, creador de la patología celular. El hecho de haber escogido matricularse en aquel seminario de renombre pone de manifiesto que Tello ya pensaba enfocar sus esfuerzos en profundizar en el estudio del pasado remoto de nuestro país.

Tello pudo quedarse cómodamente en alguna nación extranjera, como suele ser usual entre muchos de nuestros becados que terminan por ausentarse definitivamente del país, pero optó por retornar al terminar su formación académica, ávido de investigar el pasado del Perú milenario. Acompañado de una dama británica con quien había contraído matrimonio, volvía al país premunido de una sólida preparación, a la que se sumaba su infatigable accionar y el alto coeficiente de inteligencia con el que fue dotado por la naturaleza. Su pasión por el estudio del Perú antiguo fue fortalecida por su herencia racial de tradición peruana originaria, como también por su condición provinciana, si bien el status social del que procedía no era precisamente humilde.

De regreso al Perú en 1913, le fue confiada la jefatura de la Sección Arqueológica del entonces Museo Nacional que funcionaba en el local que hoy ocupa el Museo de Arte de Lima (MALI). La reorganización que introdujo en aquella institución culminó con la creación del antiguo Museo de Antropología y Arqueología, entidad que fue modernizando. Dos años después, en 1915, se vio envuelto en una campaña de desprestigio, colmada de intrigas y de envidias que florecían por los celos que despertaban su dinámico accionar y sus vastos conocimientos. Apesadumbrado presentó su renuncia. Sin embargo, las funestas tropelías que debió soportar le permitieron iniciar en 1916 sus investigaciones de campo, al participar en una expedición científica de la Universidad de Harvard que se internó en zonas próximas al curso superior del río Marañón.

Su fama de científico y de peruanista de corazón fue creciendo. Un año después, en 1917, fue elegido diputado por la provincia de Huarochirí, cargo que ejerció durante once años. No obstante sus ocupaciones como congresista, Tello logró en el ínterin restablecer vínculos con la Facultad de Ciencias de San Marcos, en la que había estudiado tiempo atrás. Aquello le permitió graduarse de Bachiller con su célebre tesis “El uso de las cabezas humanas artificialmente momificadas y su representación en el antiguo arte peruano” (1918). Ese mismo año presentó otra tesis que le permitió optar el doctorado.

Fue también durante el tiempo en que ejercía la diputación cuando la Universidad de San Marcos -siendo su rector don Javier Pardo Ugarteche- aprobó su proyecto de realizar una expedición arqueológica formal. Así, en 1919 dirigió concienzudas exploraciones en el sitio de Chavín de Huántar, monumento soberbio caracterizado por magníficas esculturas pétreas que asombran al espectador. Los resultados fueron publicados en una densa y valiosísima obra póstuma: Chavín. Cultura matriz de la civilización andina (Lima, 1960).

Al regresar de su expedición a Chavín, Tello fundó el Museo de Arqueología de San Marcos. Antes de expirar aquel año de 1919, organizó también el Museo Víctor Larco Herrera que funcionaba en el templete con evocaciones iconográficas tiahuanaco mandado construir por el filántropo Víctor Larco Herrera en la avenida Alfonso Ugarte. Este inmueble alberga ahora al Museo Nacional de la Cultura Peruana.

El Museo Víctor Larco Herrera no atesoraba únicamente las numerosas piezas reunidas por su mentor y propietario. También reunía numerosos materiales arqueológicos que los coleccionistas particulares se apresuraban a donar, motivados por el entusiasmo patriótico que les transmitía el maestro Tello. Las colecciones arqueológicas del nombrado museo fueron incrementándose hasta sumar nada menos que veinte mil especímenes. A pocos años de su fundación, Tello logró que el Estado adquiriera el edificio que ocupaba aquel museo, junto con el cuantioso y valioso material allí guardados. Aquello le permitió fundar en 1924 el antiguo Museo de Arqueología Peruana, que permaneció bajo su custodia hasta 1930. Pasados los años, en 1938, sentó las bases de un nuevo museo con el inmenso material arqueológico que había logrado reunir hasta entonces, incluyendo el que recolectó él mismo en sus exploraciones y excavaciones: en 1919 en Chavín, en 1925 en Paracas, en 1926 y 1934 en el valle de Santa, y en 1934 y 1937 en el Alto Marañón, donde realizó estudios en Huánuco Viejo y en Kotosh (1935), lugar que exploró a instancias del gran geógrafo Javier Pulgar Vidal. En 1942 intervino diversos monumentos situados en el área que hoy ocupa el Parque Nacional de Machu Picchu, particularmente las portentosas ruinas de Huiñay Huayna.

Aparte de sus numerosos artículos y libros publicados, otras obras suyas fueron publicadas en forma póstuma, tal como Chavín. Cultura matriz de la civilización andina (Lima, 1960). En gran medida estas ediciones se deben al empeño de su fiel colaborador Toribio Mejía Xesspe, quien acompañó al maestro en sus diversas jornadas y a quien le era familiar el manejo del cuantioso archivo de libretas y de apuntes legados por Tello. De esta manera se publicaron las obras: Paracas: primera parte (Lima, 1959), Arqueología del valle de Casma (Lima, 1956) y Paracas II: Cavernas y Necrópolis (Lima, 1979), en esta última, Toribio Mejía Xesspe muy merecidamente figura como coautor.

También debemos a Tello obras de enfoque integral sobre la civilización peruana ancestral: Introducción a la historia antigua del Perú (1912), Antiguo Perú (1929), así como el valioso estudio postrero titulado Origen y desarrollo de las civilizaciones prehistóricas andinas (Lima, 1942), trabajo que presentó al XX Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Lima en 1939. La amplitud de sus conocimientos permitió a Tello esbozar una y otra vez un panorama de la evolución del pasado arqueológico, y a detenerse en los orígenes de la civilización andina, que estimó estuvo en Chavín.

Consideramos impropio que se pondere la obra de Tello con elogios limitados a exaltar sus “descubrimientos” de ruinas y de cementerios prehispánicos, tal como lo estilan los textos escolares y también algunas crónicas periodísticas. Los descubrimientos de testimonios arqueológicos pueden ser efectuados por cualquier persona ajena a los procedimientos propios de esta disciplina. Desde el punto de vista de nuestra disciplina, “descubrir” no es sinónimo de ver con los ojos. El descubrimiento realizado por el arqueólogo no consiste en exaltar el simple hallazgo de uno u otro testimonio que permanecía desconocido o inédito, más bien estriba en el descubrimiento que se deriva del estudio sistemático del hecho histórico que se esconde detrás del vestigio.

Visto de este modo debemos aclarar, sin ambages, que el sabio Tello no fue el descubridor material de Chavín, como tampoco lo fue de Paracas, ni aún de Sechín, hasta cuyos soberbios monolitos fue conducido por su gran colaborador Toribio Mejía Xesspe quien poco antes había sido guiado al lugar por un niño que rondaba por las inmediaciones. Estas particularidades anecdóticas las anota Tello en sus obras con toda naturalidad, pues están lejos de restarle brillo a los resultados de sus investigaciones que llevaba a cabo con rigor científico. Después de todo, y como suele suceder prácticamente en todos los casos de los voceados “descubrimientos”, especialmente de testimonios arquitectónicos, el profesional suele ser guiado por los comarcanos que conocen estos sitios desde siempre. Así sucedió con el sitio de Sechín que desde tiempo inmemorial era familiar a los lugareños. Por su parte, el monumento de Chavín había sido visitado alrededor de 1548 por el acucioso cronista Pedro Cieza de León, quien lo describe brevemente en su crónica. Asimismo, el “descubrimiento” de la cultura Paracas se debe, en primera instancia, al gran colaborador de Tello, don Toribio Mejía Xesspe. Una versión anecdótica refiere que cual sabueso había logrado contactar con los huaqueros que profanaban el sitio epónimo de esta cultura, en la Península de Paracas, y departiendo entre uno y otro sorbo de chicha le revelaron el secreto de su ubicación. Si siguiéramos transitando por estos senderos -equivocados a todas luces por cuanto conducen a no advertir la distancia que separa el descubrimiento material de lo que es el descubrimiento científico-, ¿acaso no deberían figurar como los auténticos descubridores de la cultura Paracas los mismos peones contratados por el sabio Tello, quienes pala en mano iban poniendo al descubierto un fardo funerario tras otro hasta llegar a “descubrir” nada menos que cuatrocientas sepulturas regias? Por lo expuesto, reiteramos que el verdadero descubrimiento del arqueólogo consiste en revelar la información que se esconde detrás del testimonio Es en este marco en el que debe apreciarse la enorme contribución realizada por Tello.

Nadie puede poner en duda que la acción esclarecedora del milenario pasado peruano desplegada por Julio C. Tello fue inmensa y valiosísima. No obstante, fue objeto de críticas por parte de algunos colegas extranjeros, quienes le achacaban que no se ajustase siempre a las exigencias técnico-metodológicas en boga. Esto es, a la metodología que ellos abrazaban con fervor y que en verdad los limitaba, por cuanto su objetivo se reducía a ahondar en la presentación de minuciosos cuadros de la evolución del pasado arqueológico, que dividían en infinitas fases basadas en los cambiantes rasgos perceptibles en la cerámica, como si solo la evolución tipológica de la cerámica reflejara la sucesión de las etapas culturales y las calificara en los otros aspectos. Es lamentable que esta corriente metodológica siga vigente, como lo demuestra una revisión de la gran mayoría de las tesis universitarias elaboradas en el último medio siglo, así como no pocos de los tratados profesionales publicados en este lapso.

Tello murió en 1947 convencido de que los inicios de la civilización andina ancestral se remontaban a unos 3 000 años. La antigüedad que se le asigna ahora prácticamente duplica a la que estimaba Tello en su época. Esta “danza de los milenios” comenzó con las excavaciones de Junius Bird en Huaca Prieta, y continuó con las intensivas exploraciones de la etapa precerámica por parte de Frederic Engel, Edward Lanning, Rosa Fung, Richard Burger y otros. Se prolonga en el presente con los exhaustivos trabajos de Ruth Shady en Caral y los de Peter Fuchs en Sechín Bajo, quienes remontan los inicios del Precerámico -asociado a arquitectura monumental- a 5 000 y a 5 500 años respectivamente. Estos fechados superan ciertamente en varias centurias a los que se asignan a las pirámides egipcias de Gizeh, aquellas más representativas de esta civilización, como la de Keops cuya antigüedad se estima en 4 600 años.

Transitando siempre entre las comparaciones basadas en estimaciones cronológicas, recordemos que a medio siglo del deceso de Tello se produjo un acontecimiento revolucionario. En aquel entonces, Augusto Cardich anunció que los restos que identificó en Lauricocha se remontaban a nada menos que 10 000 años. Aquello dio pábulo a que en círculos no iniciados florecieran especulaciones absurdas, aguijoneadas por una suerte de ciego patriotismo que propalaba que la cultura peruana era anterior a la que gestó las pirámides de Egipto. Para no caer en falacias como esta, es preciso que en el mismo platillo de la balanza, junto al dato cronológico, se evalúe la información disponible sobre el contexto cultural que corresponde al evento en cuestión. De otro modo las comparaciones basadas puramente en fechados -aún cuando estos sean estimados como intachables, tal como ocurre con los de Lauricocha- llevan a confusiones como la expuesta; es como si la idiosincrasia de las personas pudiera medirse tomando en cuenta únicamente su edad, sin considerar las diferencias somáticas, síquicas y culturales, que al fin y al cabo son los condicionantes que permiten individualizar y así emitir juicios comparativos razonables.

A fin de no caer en falacias, como sucedió en el caso de Lauricocha, aun cuando las construcciones piramidales tempranas del Perú como la de Caral sean, en efecto, más antiguas que las egipcias, es imperioso que medien precisiones relativas al bagaje cultural que corresponde a las pirámides motivo de comparación. Y es que al decir “pirámides egipcias” evocamos inmediatamente a las “clásicas”, y no a aquellas construidas en periodos anteriores a esta civilización. Para una comparación correcta en el terreno de la cronología comparada, deben también tomarse en cuenta las diferencias que acusan aquellas construcciones, tanto en la forma como en su función. Al respecto, salta a la vista que mientras las pirámides peruanas tempranas son escalonadas, las egipcias “clásicas” -con las que el público tiende a compararlas- acusan base cuadrangular con cuatro caras o paredes triangulares que se juntan en el vértice común. También se advierten diferencias en cuanto a la función que desempeñaban. Las pirámides de Egipto tenían por destino servir de mausoleos regios, como es el caso de la de Keops, con sus 146 metros de altura. Por su parte, las construcciones piramidales tempranas del Perú, como las de Caral que se levantan hasta 18 metros de altura, fungían como centros administrativos, con la misión central de velar tanto por la producción como por la tributación, el almacenamiento y la redistribución de los alimentos. Paralelamente servían como sedes de culto y de ceremonias, las mismas que tenían por objetivo casi exclusivo exorcizar las alteraciones climáticas que desencadena el recurrente fenómeno de El Niño, que al obstaculizar la normal producción de los alimentos abrían las puertas al fantasma del hambre. Consideramos finalmente que, para evitar que el público asuma una idea distorsionada de los hechos, los balances cronológico-culturales deben informar si los fechados que se barajan corresponden al tiempo en que concluyó la construcción del monumento, a su abandono o acaso al momento en que fueron colocadas las primeras piedras.

Como señalamos, Tello falleció sin llegar a conocer los hallazgos de gran antigüedad de Lauricocha, o los relativos a las pirámides precerámicas. En cambio, sí tenía conocimiento de las propuestas de Max Uhle en relación a los conchales costeños, anteriores al florecimiento de la civilización andina. Sin embargo, para Tello la civilización no comenzaba con estos antiquísimos testimonios, sino con el advenimiento de Chavín (Horizonte Temprano), grosso modo hace unos 3 000 años. De alguna manera la propuesta del maestro cobra vigencia, a juzgar por el desfase que se advierte tanto en la cantidad como en el perfeccionamiento técnico-artístico, si se comparan los elementos culturales asociados a las pirámides escalonadas tempranas -alrededor de 5 000 años (Caral) y 5 500 años (Sechín Bajo)- con aquellos que son propios de la etapa del extraordinario florecimiento cultural que caracteriza a Chavín-Cupisnique (Horizonte Temprano), desarrollada en el transcurso del primer milenio antes de nuestra era. Esta reflexión debería motivar una discusión en torno a desde cuándo puede hablarse con propiedad acerca del inicio de la civilización andina, la que Toynbee incluye junto a las de Mesopotamia, Egipto, China y algunas pocas más, como aquellas que se desarrollaron plenamente en la antigüedad.

Nos preguntamos ¿el paso se habría dado en la etapa precerámica, cuando fueron levantadas muestras de arquitectura monumental, u ocurrió con lo que Tello calificaba como Chavín (Horizonte Temprano)? Es evidente la existencia de una brecha entre ambas etapas, si reparamos en que en tiempos de Chavín (Horizonte Temprano) la arquitectura pública llegó a alcanzar un grado muy alto de nivel tecnológico, la cerámica era elaborada con las más diversas técnicas, la confección de tejidos acusaba técnicas avanzadas en comparación con las primarias de tiempos precerámicos, y las expresiones de la metalurgia eran trabajadas con variada tecnología Este esplendor se advierte también en la estructura socioeconómica, que tiene antecedentes cercanos en la etapa anterior, evidentes por la presencia de arquitectura pública monumental. La estructura socioeconómica del Horizonte Temprano exhibe un modo de producción consolidado y eficiente, que permitió el extraordinario despliegue que caracteriza a esa etapa cultural. Su eficacia queda confirmada porque fue entonces que se inventaron y pusieron en marcha las más diversas estrategias o técnicas. Casi todas ellas tenían por meta ahuyentar el flagelo del hambre que afloraba recurrentemente a causa de las anomalías climáticas propiciadas por el fenómeno de El Niño que en esta parte del mundo golpea con especial rudeza. A estas catástrofes que era menester sortear para así asegurar la existencia, se sumaban otras como la extrema limitación de tierras aptas para el cultivo, así como el aumento sostenido de la tasa poblacional, al que necesariamente conduce la práctica agrícola desde sus primeros pasos. ¡Oh paradoja! Fueron precisamente estos factores concurrentes los que condujeron al surgimiento de lo que se conoce como alta cultura o civilización. La eficacia del modo de producción y su secuela, expresada en la efervescencia cultural que da título de civilización a la que se desarrolló en territorio andino a partir de Chavín-Cupisnique (Horizonte Temprano), explica la razón por la cual los aspectos básicos de este modelo socioeconómico subsistieron cerca de 3 000 años, hasta la irrupción europea en el siglo XVI. De lo expuesto se desprende que la época precerámica asociada a la arquitectura monumental, pertenece a una etapa que más que asimilarla al periodo de la civilización ancestral peruana, debe ser ubicada más bien en uno que le antecede y que por sus características podría llamarse de los balbuceos o de los preludios civilizatorios. Deslindar contextos culturales como el abordado es algo que se presta a discusiones interminables, y es que siempre se podrán encontrar “antecedentes”. Enarbolando un ejemplo simplista: una cosa es la idiosincrasia y la experiencia de una persona adulta y otra la de un niño o la de un adolescente. Vista la problemática del modo planteado, la misma permite considerar que Tello, en el aspecto que nos ocupa, no parece haber perdido vigencia.

Terminemos señalando algunas frases del sabio Tello, que revelan su honda preocupación por los postulados que deberían regir el ejercicio de la disciplina arqueológica. No obstante su gran pasión peruanista y haber abrazado la por entonces arrasadora corriente indigenista, tal como subraya Henry Tantaleán, Tello en sus escritos puntualiza que es deber del arqueólogo, mientras realiza su misión, obligarse a “desprenderse de toda referencia de carácter subjetivo (para obrar) sin más norma que la verdad”. Aquello, insiste, debe constituir “la mayor satisfacción del investigador...”. Que sirva este mensaje del gran Julio C. Tello como reflexión para todos los que nos dedicamos a escudriñar el remoto pasado peruano, anterior a la irrupción europea."

Federico Kauffmann Doig
Amauta, Doctor en Arqueología e Historia
Miembro de número de la Academia Nacional de Historia del Perú. Lima, Perú
Miembro del Comité Científico del Centro Studi Ricerche Ligabue de Venecia, Italia

CADENA DE CITAS 




Podcast RFI: Jhonathan Quezada Lira, primera exposición en París


EL INVITADO DE RFI


La galería 12 Avenue des Arts de París acaba de inaugurar la exposición Transmutation, en la que el artista peruano Jhonathan Quezada Lira muestra su trabajo reciente a traves del cual nos introduce en un universo onírico, en el que la naturaleza adquiere propiedades insólitas que solo pueden encontrarse en los sueños.





jueves, 22 de junio de 2017

Cinema Pedal en La Cletería: 24 de junio





Freddy tiene once años y le encanta montar en bici. Su padre es el carnicero de un pequeño pueblo, cuya apacible vida se ve perturbada por la apertura del primer supermercado, en 1975. El gerente de este nuevo establecimiento organiza una carrera ciclista para promocionar su negocio con un suculento premio: conocer al mítico Eddy Merckx. Al incumplir la prohibición paterna de participar, el niño se adentra en una etapa que cambiará no sólo su existencia sino la de toda la comunidad. (FILMAFFINITY)

Sábado 24 de junio / 06:45 pm.
La Cleteria - Bike Cafe & Tea House
San Juan de Dios 206 Interior 21-22 Arequipa  

martes, 20 de junio de 2017

Cita CCCXXIX: El Inca manda hacer una puente de mimbre


"En aquellos caminos y en reducir la gente y dar traza a los pueblos que se poblaron, y en ordenar sus leyes y gobierno, gastó tres años. Volvióse al Cozco, donde fue recibido con grandísima fiesta y regocijo. Y habiendo descansado dos o tres años, mandó apercibir para el verano siguiente bastimentos y gente para hacer nueva conquista, porque no le sufría el ánimo estarse ocioso y porque pretendía ir al poniente del Cozco, que es lo que llaman Contisuyu, que tiene muchas y grandes provincias. Y porque había de pasar el gran río llamado Apurímac, mandó hiciesen puente por do pasase su ejército. Dióles la traza como se había de hacer, habiéndola consultado con algunos indios de buenos ingenios. Y porque los escritores del Perú, aunque dicen que hay puentes de crizneja, no dicen de qué manera son hechas, me pareció pintarla yo aquí para los que no las han visto, y también porque fue ésta la primera puente de mimbre que en el Perú se hizo por orden de los Incas.
 
Para hacer una puente de aquéllas, juntan grandísima cantidad de mimbre, que aunque no es de  la misma de España es otra especie,  de rama delgada y correosa. Hacen de tres mimbres sencillas unas criznejas muy largas, a medida del largo que ha de tener la puente. De tres criznejas de a tres mimbres hacen otras de a nueve mimbres; de tres de aquéllas hacen otras criznejas que vienen a tener en grueso veinte y  siete  mimbres,  y de  tres  de  éstas  hacen otras  más gruesas;  y de esta manera van multiplicando y engrosando  las criznejas hasta hacerlas tan gruesas y más que el cuerpo de un hombre. De éstas muy gruesas hacen cinco criznejas.  Para pasarlas de  la otra parte del   río pasan  los  indios nadando o en balsas: llevan asido un cordel delgado, al cual atan una maroma como el brazo, de un cáñamo que los indios llaman cháhuar; a esta maroma atan una de las criznejas, y tiran de ella gran multitud de indios hasta pasarla de la otra parte. Y habiéndolas pasado todas cinco, las ponen sobre dos estribos altos que  tienen hechos de peñas vivas,  donde  las hallan en comodidad,  y,  no  los hallando, hacen los estribos de cantería tan fuerte como la peña. La puente de Apurímac, que está en el camino real del Cozco a Los Reyes, tiene el un estribo de peña viva y el  otro de cantería.  Los estribos,  hacia  la parte de  tierra,  son huecos, con fuertes paredes a los lados. En aquellos huecos, de una pared a otra, tiene   cada   estribo  atravesadas   cinco o  seis  vigas,   tan gruesas   como bueyes, puestas por su orden y compás como una escalera de mano; por cada viga de éstas hacen dar una vuelta a cada una de las criznejas gruesas de mimbre de por sí,  para que  la puente esté  tirante y no se afloje con su mismo peso,  que es grandísimo;  pero,  por  mucho que  la  tiren,  siempre hace vaga y queda hecho arco, que entran descendiendo hasta el medio y salen subiendo hasta el cabo, y con cualquier aire que sea algo recio, se está meciendo.

Tres criznejas de las gruesas ponen por el suelo de la puente, y las otras dos ponen por pretiles a un lado y a otro. Sobre las que sirven de suelo echan madera delgada como el brazo, atravesada y puesta por su orden en forma de zarzo, que toma  todo el  ancho de  la puente,   la cual  será de dos varas de ancho.  Echan aquella madera para que guarde las criznejas, porque no se rompan tan presto, y átanla   fuertemente   con   las  mismas   criznejas.   Sobre   la  madera   echan   gran cantidad de  rama atada puesta por   su orden.  Échanla porque  los  pies  de  las bestias tengan en qué asirse y no deslicen y caigan. De las criznejas bajas, que sirven de  suelo,  a  las  altas,  que  sirven de pretiles,  entretejen mucha  rama y madera delgada, muy fuertemente atada, que hace pared por todo el largo de la puente,  y así  queda  fuerte para que pasen por  ella hombres y bestias.  La de Apurímac, que es la más larga de todas, tendrá doscientos pasos de largo. No la medí,  mas  tanteándola en España con muchos que  la han pasado  le dan este largo, y antes más que menos. Muchos españoles vi que no se apeaban para la pasar, y algunos la pasaban corriendo a caballo, por mostrar menos temor, que no deja de tener algo de temeridad. Esta máquina tan grande se empieza a hacer de solas tres mimbres, y llega a salir la obra tan brava y soberbia como se ha visto, aunque mal pintada. Obra por cierto maravillosa, e increíble, si no se viera como  se  ve hoy,  que  la necesidad común  la ha  sustentado,  que no  se haya perdido, que también la hubiera destruido el tiempo, como ha hecho otras que los españoles hallaron en aquella tierra, tan grandes y mayores. En tiempo de los Incas se renovaban aquellas puentes cada año; acudían a las hacer las provincias comarcanas,   entre   las   cuales   estaba   repartida   la   cantidad   de   los  materiales, conforme a la vecindad y posibilidad de los indios de cada provincia. Hoy se usa lo mismo."

Comentarios reales de los Incas. Páginas 147 y 148. Inca Garcilaso de la Vega. Biblioteca Juvenil Arequipa. Gobierno Regional de Arequipa. Arequipa, Perú - 2009.

MÁS INFORMACIÓN

CADENA DE CITAS 

Poeta 389: Renato Sandoval Bacigalupo


RENATO SANDOVAL BACIGALUPO

Nació en Perú en 1957. Poeta, traductor y editor limeño. Ha publicado, en poesía, Singladuras, Pértigas, Luces de talud, Nostos, El revés y la fuga, Suzuki Blues -los tres últimos recogidos en Trípode (2010)- y Cámara esférica (2016). En 1988 obtuvo el primer premio de “El cuento de las mil palabras”, del semanario Caretas, y en el 2015 el Premio de Bronce de Copé. Dirige la editorial Nido de Cuervos y las revistas Evohé y Fórnix. Es director del Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLIMA).

BIBLOS (LÍBANO)

Doble afecto
para el que ve lo mismo:
escarpada es la planicie del ojo
donde se cuecen todos los deseos.
Ahí te vi sobre una zarza
airada entre los cedros pusilánimes
de la desidia y el error.
El valle de las sombras en vilo
y esos naranjos de tiempo
que solo sabe a sí
son una deuda de palabras,
el oro maronita
que no se entrega
ni nunca más nos salva.
Frente al mar Biblos desciende
por los ralos papiros de la hora tercia
y bate las peñas contra las olas
de un minarete sumergido.

MÁS INFORMACIÓN




Libro: Santiago Apostol combate a los moros en el Perú




"Santiago Apóstol combate a los moros en el Perú ofrece una particular representación de Santiago Matamoros en el distrito de Colán, provincia de Paita. Para Luis Millones, quien ha estudiado por años esta zona del Perú, la imagen tan española que desprende -y que la diferencia del Santiago Mataindios de otros pueblos andinos- responde al fuerte vínculo histórico que se ha mantenido con España a lo largo de los años."

Juan Carlos Fangacio. El Comercio

Santiago Apóstol tiene una gran importancia en la historia del Perú. Su imagen, de origen religioso, se ha convertido en un emblema de la evangelización y la extirpación de idolatrías. Actualmente se le venera en distintas festividades en el interior del Perú, cuya representación -siempre a caballo blanco y con indumentaria de santo guerrero- sirve para restablecer el orden social.

Luis Millones y Renata Mayer hacen un recorrido en la historia de este icono que combatió a favor de la cristiandad, y cuyo enfrentamiento contra los moros en España sirvió de antecedente en la conquista del Perú. Sorprende que a lo largo de este tiempo su imagen se haya mantenido intacta, como se aprecia en las teatralizaciones anuales que se celebran en el pueblo de Colán, Piura, al norte del Perú. Hasta allí llegaron ambos autores para entender cómo este símbolo hispánico es parte de una manifestación folclórica de la peruanidad.

LUIS MILLONES

Es antropólogo, historiador y profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su amplia trayectoria académica, que ha privilegiado un enfoque interdisciplinario, lo ha llevado a investigar bajo el auspicio de las instituciones más prestigiosas de América Latina, Estados Unidos y Japón. Es uno de los científicos sociales más importantes del Perú.

RENATA MAYER

Es una educadora con amplia experiencia en co conocimiento del mundo andino. Colabora estrechamente en distintos proyectos de investigación ligados a la antropología y a la historia. Es miembro titular del Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos.

MÁS INFORMACIÓN

Autor(es): Luis Millones / Renata Mayer
Editorial: Taurus
Páginas: 155
Tamaño: 13,5 x 21 cm. 
Año: 2017
Precio: S/54.00
 

Libro: Matemática financiera





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CONTENIDO
  • El concepto de interés simple
  • Relación de unidades de tiempo
  • Diagrama de flujo y ecuación de valor equivalente
  • Descuento simple
  • Concepto de interés compuesto
  • Relaciones de unidades de tiempo
  • Tasa nominal y efectiva
  • Ecuación valor equivalente
  • Descuento compuesto
  • Introducción a las rentas
  • Rentas vencidas u ordinarias 
  • Rentas uniformes anticipadas
  • Rentas perpetuas
  • Rentas en progresión aritmética
  • Rentas en progresión geométrica
  • Amortización: método progresivo
  • Costo capitalizado
  • Costo anual uniforme equivalente
  • Factoring
  • Arrendamiento financiero
  • Bonos
  • Bibliografía

Autor(es): Carlos Bresani Tamayo, Alan Burns O’Hara, Pablo Escalante Gavancho, Giancarlo Medroa Delgado y Juan Chipana Rodríguez
Editorial: Colección Economaker
Páginas: 203
Tamaño: 21 x 24 cm. 
Año: 2017
Precio: S/85.00